Córdoba es uno de los lugares imprescindibles que hay en nuestro país. Uno de esos sitios que deberías visitar al menos una vez en la vida. Como Toledo, Santiago de Compostela o el Madrid de los Austrias. Un complejo histórico monumental que dice mucho de nosotros y nos ayuda a comprender quiénes somos.
El centro histórico de Córdoba tiene una extensión de 2,4 kilómetros cuadrados. Como bien señala la página web Sabores de Córdoba, nos encontramos ante uno de los cascos antiguos más grandes de Europa. 480 calles que contienen 5.000 edificios. Una mezcolanza de restos arqueológicos de la época romana, de la presencia árabe, cuando Córdoba fue capital de Al Ándalus, y de su posterior cristianización: conventos, iglesias, casas palaciegas.
Lo mejor de todo es que el casco antiguo de Córdoba es un núcleo habitado. Ahí radica su encanto. Entre las estrechas y serpenteantes calles que fluyen por el interior del contorno que dibuja la antigua muralla, continúan viviendo muchos cordobeses. Los mismos que cuidan las macetas y las plantas de los patios. Muchos de ellos se pueden avistar desde la calle, separados por una verja. Los mismos vecinos que engalanan con flores las plazas en las cruces de mayo. Una tradición cordobesa en la que en cada plaza se levanta un altar al llegar la primavera.
Callejeando por el casco antiguo de Córdoba, que es una de las mejores maneras de conocerlo, puedes hacer un alto en el camino y tomarte una cerveza en un bar del barrio. No es un establecimiento para turistas, es el mismo sitio donde se toman el café las personas que viven en esa calle. Puedes pararte a comprar una botella de agua en una tienda de barrio. La misma donde baja la vecina a comprar la verdura.
Por suerte, el centro antiguo de Córdoba no se ha convertido en territorio Airbnb, como sí ha sucedido con los cascos históricos de muchas ciudades españolas, y ojalá nunca lo haga. Pues los que de verdad lo cuidan, los que hacen que sea un lugar diferente y único en el mundo, son las personas que lo habitan.
Breve historia de Córdoba.
Dice la página web: Córdoba es más que los orígenes de Córdoba se pierden en el tiempo. Cerca de la ciudad, en el arroyo del Tamujar, junto al barrio de la Alcolea, se encontró un cráneo de neandertal con una antigüedad de en torno a 34.000 años. En la Edad de Bronce, sobre el siglo IX antes de Cristo, ya había un asentamiento estable en la ciudad, ubicado en la Colina de los Quemados, donde hoy se encuentra la ciudad sanitaria.
En el año 169 antes de Cristo, los romanos establecen en la ribera del río Guadalquivir una colonia latina que llamaron Corduba, formada por patricios que provenían directamente de la ciudad de Roma. La colonia fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades romanas más prósperas de la península ibérica, capital de Hispania Ulterior, provincia romana que en el siglo V después de Cristo pasará a llamarse Baética, en alusión al río Betis, nombre que los romanos daban al Guadalquivir.
El periodo de mayor esplendor de Córdoba se inicia en el año 756 de nuestra era, cuando se asienta en la ciudad Abderramán I, superviviente de la matanza de los omeyas en Damasco, la gran dinastía que reinó en el Islam hasta que fue exterminada por los abasíes, como explica la web Amedina Córdoba. Abderramán proclama el Emirato Independiente de Córdoba, que años más tarde se transformará en Califato, y su territorio, Al Ándalus, fue un espacio políticamente independiente del Islam, aunque en el aspecto religioso siguiera las enseñanzas de Mahoma.
La hegemonía política y cultural de Córdoba se disipa 250 años más tarde, a la muerte de Almanzor, el caudillo árabe que en los hechos gobernaba Al Ándalus bajo el reinado testimonial del califa Hisham II. El vacío de poder que crea su muerte y las contradicciones que se agudizaron bajo su gobierno, sumergen a Al Ándalus en una sucesión de guerras civiles, que hacen que se desmiembre en reinos de taifas.
En estos dos siglos y medio, Córdoba llegó a ser una de las ciudades más pobladas de Europa, con una población estable de unos 250.000 habitantes. Fue un centro político y económico de primer orden y en él florecieron las artes, la filosofía y las ciencias, llegando a albergar bajo el reinado de Alhakén II la mayor biblioteca de Europa occidental, en su tiempo, con una colección de más de 400.000 manuscritos.
La Mezquita.
La joya más destacada del casco antiguo de Córdoba es la mezquita, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Dice la historiadora del arte Adela Calzado, quien además es guía turística oficial acreditada por el cabildo de la catedral, desde la página web de su proyecto Contarte Córdoba, donde organiza visitas guiadas por algunos de los lugares más emblemáticos de esta capital andaluza, que la Mezquita-Catedral de Córdoba es una mezcolanza de estilos arquitectónicos que se corresponden con la evolución del templo. Doce siglos de historia superpuesta, contados en un mismo monumento.
La mezquita se levanta sobre la antigua basílica visigoda de San Vicente. De la que se conservan restos visibles.
Abderramán I ordena la construcción de la mezquita en ese mismo lugar en el año 786. La cual vive diferentes ampliaciones califales en los siglos sucesivos. En la edad media, la mezquita de Córdoba fue la segunda mezquita más grande del mundo, por detrás de la Mezquita de la Meca.
Tras la conquista cristiana de la ciudad, en 1236, la mezquita se consagra como catedral y comienza a experimentar una serie de cambios hasta transformarla en una iglesia renacentista. Uno de los más destacados es la conversión del minarete en la actual torre del campanario. Coronada por la estatua del arcángel San Rafael, a quien se consagra la torre.
La Mezquita de Córdoba vive un fenómeno anómalo en la España cristiana y en la España de la Reconquista. Y es el de que se transforma en catedral sin destruir el templo original. Cosa que no sucedió en otras ciudades, como Sevilla, donde para levantar la catedral gótica se demolió la mezquita almohade.
Entre las columnas y los arcos del interior de la mezquita se van habilitando espacios para el culto católico. No sin levantar polémicas, como explica el Diario de Córdoba, donde relata como la intención de crear una nueva capilla real en el centro del templo le costó el puesto y la excomunión al Corregidor, debido a la oposición del cabildo catedralicio. Al final el emperador Carlos V autorizó las obras y en una visita a la ciudad se arrepintió de su decisión. Le dijo al arquitecto Don Bernardo de Alderete: “Lo que habéis hecho se ve en muchas partes, mientras lo que había, no lo hay en todo el mundo.”
El Alcázar de los Reyes Cristianos.
En el casco antiguo de la ciudad encontramos el Alcázar de los reyes cristianos, que como nos cuenta la historiadora cordobesa Adela Calzado, fue construido por el rey Alfonso XI de Castilla, en 1328, sobre los restos de un antiguo palacio califal.
El alcázar es un sobrio edificio militar que cumple una función defensiva de consolidación de una plaza ocupada. A pesar de su aspecto castrense, fue testigo de importantes episodios en la historia de España. Como la primera vez que los reyes católicos reciben a Cristóbal Colón, mientras preparan desde Córdoba la toma de Granada.
En la actualidad, en el Salón de los Mosaicos, una de las dependencias del alcázar, se exhibe una magnífica colección de restos arqueológicos y de piezas de la época romana, encontrados en el subsuelo de la ciudad.
Otro de los lugares destacados del alcázar son los jardines. Con una sucesión de grandes albercas centrales que conservan los métodos de riego de la época andalusí. 30.000 metros cuadrados ordenados de manera paisajística, que convierten estos jardines en uno de los principales pulmones verdes de la ciudad.
Las plazas de Córdoba.
Uno de los atractivos del casco antiguo cordobés son sus plazas. Y es que el intrincado recorrido de las estrechas calles del centro histórico se ve interrumpido, muchas veces de manera inesperada, por bonitas plazas que sorprenden al visitante. La página web Córdoba 24 nos habla de algunas de ellas.
Una que sin duda rompe esquemas es la Plaza de la Corredera. Una plaza castellana, de planta rectangular, construida en el siglo XVII, que nos recuerda a la Plaza Mayor de Madrid o a la Plaza de Salamanca. Nos vamos moviendo entre calles serpenteantes de casas encaladas y de repente aterrizamos en esta plaza que no pensábamos encontrar. Es como una bocanada de aire y de luz que ventila la oscuridad de las calles árabes. Esta plaza, en su día, estaba pensada para albergar mercados, hoy reúne una gran cantidad de bares y terrazas, que suelen frecuentar los cordobeses y que ofrecen al visitante la oportunidad de mezclarse con la población nativa.
No lejos de la mezquita encontramos la Plaza del Potro. Una plaza cuadrada, con una fuente en el centro que sirvió en otros tiempos de abrevadero para los animales. No en vano, esta plaza albergaba antaño ferias de ganado y estaba franqueada por posadas, en donde en una de ellas se alojó Miguel de Cervantes. En esta plaza también se encontraba el antiguo Hospital de la Caridad. Un hospital renacentista que hoy es sede del Museo de Bellas Artes de Córdoba y del Museo de Julio Romero de Torres. Un pintor simbolista de finales del siglo XIX y principios del XX que es el pintor más emblemático de Córdoba.
En la zona norte del casco antiguo encontramos la Plaza de los Capuchinos, conocida popularmente como la Plaza del Cristo de los Faroles. Con una gran cruz colocada en el centro, rodeada de 8 faroles que simbolizan las 8 provincias de Andalucía. Esta plaza fue el patio de un convento de esta orden religiosa, que fue expropiado durante la desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, y se cedió a la ciudad. Del antiguo convento solo queda la iglesia, situada en un extremo de la plaza.
En el límite entre el casco antiguo con el centro moderno se encuentra la Plaza de las Tendillas. Una amplia plaza peatonal, rodeada de edificios neoclásicos, que tiene en el centro una estatua ecuestre de El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba. Un militar y estratega cordobés del siglo XV que batalló en Italia al servicio de Fernando el Católico y cuyas innovaciones sirvieron de inspiración para crear los Tercios de Flandes. Esta plaza se llama así por la gran cantidad de tiendas y pequeño comercio que tuvo en otros tiempos.
La Córdoba romana.
Un detalle que sorprende al turista que visita Córdoba es la cantidad de restos romanos que se encuentran en la ciudad. Y es que la Córdoba del califato se construye sobre la antigua Corduba romana, respetando en muchas ocasiones el legado arquitectónico. El blog del Grupo Rosales nos habla de esta faceta de la ciudad.
El monumento más popular de esta época es el puente romano, que cruza el Guadalquivir y que fue durante mucho tiempo la principal vía de entrada a la ciudad. Construido en el siglo I antes de Cristo, hoy es una de las mejores maneras de entrar en el casco antiguo.
El templo romano está situado en pleno centro de la ciudad. Fue descubierto en 1950 durante las obras de ampliación del ayuntamiento. De él se han conseguido rescatar 8 columnas completas que se han colocado sobre pilares de hormigón. Alrededor hay una gran cantidad de ruinas romanas que formaban parte del templo. Se presume que este templo era parte del foro, y aunque no era el único templo romano de la ciudad, sí se piensa que era el más importante.
También en el casco antiguo, en los sótanos del museo arqueológico, se encuentran los restos del antiguo teatro romano. Un teatro que tenía capacidad para alrededor de 15.000 espectadores.
Esto es solo una pequeña muestra de todo lo que puedes encontrar en el centro histórico de Córdoba.





